Las auditorias de certificación de la norma ISO 9001, se están convirtiendo en auditorias de ‘no calidad’. Las entidades de certificación, al igual que las organizaciones certificadas, sustituyen la eficacia del sistema de gestión de calidad por sus logros económicos. Las entidades de certificación tienen mayor preocupación en cumplir con las jornadas de auditorias que ENAC les prescribe al menor costo posible, no existiendo diferenciación entre ellas y siendo elegidas por el cliente en función de este aspecto económico y no por el valor en sí de la propia auditoria.

Desde muchos sectores empresariales, grandes organizaciones e incluso la propia administración, promueven y en algunos casos ‘exigen’ a sus proveedores de servicios y productos la certificación según la ISO 9001, a pesar de esto y del cambio significativo que sufrió la propia norma con la nueva versión del 2000, no se han conseguido los resultados esperados.

Los sistemas de calidad implantados en las organizaciones certificadas se han convertido en verdaderos sistemas documentales en vez de sistemas que persigan el desempeño y la mejora continua, a esto se suma que las entidades de certificación mantienen este enfoque documental en vez de auditar el proceder de la propia organización y del equipo humano que la forman.

Para poder comprobar y verificar la eficacia de un sistema de calidad, los auditores precisan conocer campos como el marketing, desarrollos tecnológicos, políticas estratégicas, etc. y además tener experiencia en ello, aspecto que no se cumple en muchas ocasiones y por lo tanto el cliente auditado no saca el provecho que debería del proceso de auditoria.

La norma ISO 9001 se basa en ocho principios de calidad; orientación al cliente, liderazgo, participación del personal, enfoque basado en procesos, enfoque de sistema para la gestión, mejora continua, toma de decisiones basadas en hechos y relaciones de beneficio mutuo con proveedores.

Durante la auditora, el auditor persigue comprobar el cumplimiento de los requisitos de la norma, además debería analizar cómo la organización aplica las mejores técnicas disponibles para aplicar estos ocho principios de calidad y las acciones que toma para ello.

A pesar de ser uno de los requisitos principales de la norma, uno de los principales problemas que sufren los propios responsables de calidad de las empresas certificadas es la escasa participación de la dirección en el sistema de calidad implantado, a esto se añade que los informes de auditorias no aportan mucho valor a la empresa y por lo tanto no atraen la atención del equipo de dirección. Es necesario, que estos informen sufran un cambio y tengan la función deseada como información acerca de los riesgos a los que se expone la empresa e incluso ideas de mejora, teniendo en cuanta los objetivos de la propia organización, para que así ésta pueda dirigir sus esfuerzos en minimizar dichos riesgos y conseguir sus propios objetivos.

Por último, otro punto a destacar, es que las cadenas de productos y servicios sobrepasan nuestras fronteras y por la tanto una cadena global está formada por la suma de muchas organizaciones locales con distintas culturas, comportamientos, idiomas, etc. El resultado de la auditoria abarca estas partes locales por separado, no se globaliza y por tanto no se identifican esos riesgos y oportunidades para la cadena completa. Es deseable que este aspecto de las auditorias también cambie para obtener un mayor provecho de la misma.

Basado en el artículo de Ian Rosam y Rob Peddle publicado en http://spain.irca.org/inform/issue16/ISO9001.html